«Por Vivir» – Una poesía de la diferencia

En “Por vivir” aparece una relación de significado. Lo que se anuncia en la praxis se afirma en el tejido del texto, construido como una situación de sentido, una indeterminación del logos más allá del sema, de la raíz del poema.

Pero esta vacilación del logos que supone toda empresa poética interroga el nivel sémico, y en él se dan las contradicciones de sentido que convocan al universo de género hasta el borde del abismo textual, más allá del horizonte que la Modernidad marcó para el silencio del sexo: el silencio del texto.

El silencio se quiebra, dice. No es hombre ni mujer. Ese silencio significante del texto, ese sonido o huella de sonido en la grafía, constituye el principio de la diferencia.

Tal vez la más famosa afirmación de Gustave Flaubert haya sido: “Madame Bovary c’est moi”

El aserto es una provocación y un buscado equívoco que aún hoy alimenta miles de conjeturas y es malentendido, subentendido o sobreentendido por críticos y lectores.

El ensayista alemán Andreas Huyssen dice al respecto:

“Es evidente que tal identificación masculina con la mujer, tal feminidad imaginaria en el escritor masculino, está sujeta a una determinación histórica. Aparte de las condiciones subjetivas de la neurosis en el caso Flaubert, el fenómeno no es ajeno a la situación crecientemente marginal de la literatura y las artes en una sociedad en la cual la masculinidad aparece identificada con la acción, la iniciativa y el progreso; con el terreno de los negocios, la industria, la ciencia y la ley. Al mismo tiempo, no menos evidente es que la feminidad imaginaria de los autores hombres –que sustenta su actitud de rebeldía frente a la sociedad burguesa- puede sin mayores inconvenientes estar acompañada por la exclusión de las mujeres reales de toda actividad literaria y por la misoginia del propio patriarcado burgués. Contra el paradigma madame Bovary c’est moi debemos insistir entonces en que existe una diferencia.” (1)

Si en la Modernidad la potencia del equívoco es plena, en las postrimerías de la post modernidad (o mejor dicho, en la post post modernidad, en la “época actual”, en el siglo XXI, en lo que la nomenclatura académica invente como nombre o designación, siempre cuestionable y provisoria) el hallazgo y la escritura de esa “diferencia” señalada por Huyssen resulta difícil y hasta peligroso. Pero probablemente necesario.

Este libro no pudo haberse titulado “Voces de mujer” pues la propuesta indicaba una autoguetización, un confinamiento que la voluntad de la autora –y por otra parte, tal vez más importante aún, la del “yo” lírico, ente de naturaleza textual- desmentía en cada línea.

La escritura de una poesía de la diferencia impone una distancia inquieta en relación al objeto definido usualmente en los estudios de género. Puesto que la escritura de una poesía de la diferencia puede ser, entre otras cosas, una producción de género o un destello claro y permanente.

Sin embargo, en desafío al lugar común, estas páginas compilan la pluralidad vigente de esas “Voces de mujer”, la ofrecen más allá del sectarismo de género, abriéndose a una afirmación rotunda y clara, comunicable en el amplio espacio de lo humano, al menos en los dieciséis sexos cuya existencia anotaban los sabios árabes anteriores al arribo de Al Motasim.

Esta es una poesía pletórica de marcas genéricas. Quien escribe es mujer, por supuesto, y se expresa como mujer, no necesita aclarar que “Por vivir”, o su yo lírico, “c’est moi”, esa operación de demarcación y/o reclamo resulta a todas luces innecesaria: la diferencia queda desnuda, es evidencia del texto y confrontación del torrente escritural con el discurso masculinizante de distracción o dominio.

Por eso debe hacerse énfasis en el hecho de que en estos textos no hay máscaras de feminidad, hay simplemente comparecencia femenina. No hay enunciación de la potencia del acto sino desarrollo vivo, concreto y por tanto sexuado del acto en la realidad.

La presencia de lo erótico y su trascendencia en atención al paradigma “pareja” podría alcanzar una didáctica y útil síntesis histórica en palabras de Octavio Paz:

“A pesar de todos los males y todas las desgracias, siempre buscamos querer y ser queridos. El amor es lo más cercano, en esta tierra, a la beatitud de los bienaventurados. Las imágenes de la edad de oro y del paraíso terrenal se confunden con las del amor correspondido: la pareja en el seno de una naturaleza reconciliada. A través de más dos milenios, lo mismo en 0ccidente que en Oriente, la imaginación ha creado parejas ideales de amantes que son la cristalización de nuestros deseos, sueños, temores y obsesiones. Casi siempre esas parejas son jóvenes: Dafnis y Cloe, Calixto y Melibea,Bao-yu y Dai-yu. Una de las excepciones es, precisamente, la de Filemón y Baucis. Emblemas de amor, esas parejas conocen una dicha sobrehumana pero también un final trágico” (2)

Aunque los sencillos textos de Garicoïts dan un paso más allá de la culminación erótica idealizada en esa síntesis paciana que subraya la completud alcanzada en la pareja como un constructo diacrónico cuya permanencia no se problematiza en el fragmento citado.

En cambio sí se da esa problematización en algunos de los breves poemas de “Por vivir”. La escritura que sostiene el poemario no se dirige a cristalizar la idea del amor en paradigmas estáticos, más bien se aproxima a una praxis dinámica, advertida inestable, que un vistazo estadístico al devenir contemporáneo podría confirmar con cierta holgura (v.g.: véase, en “Protagonistas”, el epígrafe del Código Civil relacionado con el divorcio, examínese la construcción bifónica y enseguida la monofónica que le sigue en un diseño mallarmeano que juega con los espacios de la página y con el terror al espacio en blanco, la utilización del lapsus y el silencio textual como una abertura significante).

Hay un cambio de paradigma y, fundamentalmente, un cambio de percepción que cuestiona los paradigmas de la llamada Modernidad y los vuelve sujetos de revisión o al menos sujetos susceptibles de enmienda provisoria.

No en oposición, sino en complemento o secuencia lógica con las palabras de Paz pueden examinarse con provecho las afirmaciones del ensayista Sandino Núñez:

“El objeto amado ha dejado de ser aquello cuya impenetrabilidad, cuyo misterio, cuya distancia en suma, cautivaban, fascinaban y hacían sufrir. Se ha convertido en algo inmediatamente transparente. Ninguna escritura entonces va a ser capaz de operar la magia de congelar a lo amado, y de resignar el amor” (3)

Esta escritura es erótica por poética, y sin duda no resigna al amor, aunque quizás procure o sueñe resignificarlo.

Pero no sólo lo erótico conforma este libro en términos temáticos, esa realidad se abre y se extiende. Los temas se amplían con respecto al primer libro de la autora, “Vuelta de hoja” (4).

Las inflexiones temáticas abarcan otra dimensión del ámbito privado (el padre perdido en la infancia) y del ámbito público (los verdugos, los desaparecidos, los desposeídos).

El planteo poético se ha dilatado temáticamente para comprender lo que está más allá de la construcción literaria o del mero gesto escritural auto referente.

Si se permite lo lúdico y el ejercicio hiperbólico: Flaubert fue Madame Bovary como Marylin Monroe pudo haber sido la voz femenina, velada, del Presidente Kennedy, a pesar de la CIA. Pero la Historia quiso otra cosa.

La historia cotidiana, con minúscula, empujó las líneas directrices de la Modernidad hasta este otro siglo avieso, incontinente, abriendo el cauce a una poesía del instante y de lo íntimo universalizado.

La Modernidad cesó, es decir: no cesó sino que se transformó, prosiguió en su devenir, salvo que más evidente en su movimiento temporal, más acelerado e imprevisible.

Ahora, en este libro, la voz pertenece por entero a la inflexible voluntad poética de quien se arriesga y se hace oír con sinceridad, sin trucos literarios, fiel a una pasión indeclinable por comunicar.

“Por vivir” es un fragmento de historia cotidiana, un texto que respira en la oscuridad. Sólo hay que escucharlo. Sólo hay que saber mirar para sentir lo que dice.

Rafael Courtoisie

Notas:

(1) Huyssen, Andreas: “Después de la gran división. Modernismo, cultura de masas, posmodernismo”. Adriana Hidalgo editora. Segunda edición. Buenos Aires, 2006. (p. 91)
(2) Paz, Octavio: “La llama doble. Amor y erotismo”. Seix Barral. Biblioteca Breve. Primera edición: Barcelona, 1993. Reimpresión: Buenos Aires, 1996. (p.218)
(3) Núñez, Andrés Sandino: “Lo sublime y lo obsceno. Geopolítica de la subjetividad”. Libros del Zorzal. Buenos Aiores, 2005. (p.115)
(4) Garicoïts, Léonie: “Vuelta de hoja”. Artefato. Montevideo, 2006.