La sutileza del no decir

Al pensar en las vacaciones inmediatamente surge la pregunta ¿qué leer?

Hice un estudio en las redes sociales y me decanté por algunos libros de cuentos, entre ellos “Pelea de gallos” de María Fernanda Ampuero.

Una colección de cuentos desvastadora. Duro, muy duro, tan duro como dura es la existencia.

María Fernanda Ampuero es una escritora ecuatoriana, guayaquileñanacida en 1976, autora de libros de crónica periodística ( “Lo que aprendí en la Peluquería”, año 2011 y “Permiso de residencia, año 2017), en “Pelea de Gallos” reúne 13 cuentos que hablan de la violencia como parte de la condición humana y a la que la mujer se somete o enfrenta desde su vulnerabilidad.
Las historias nacen en el hogar, los vínculos familiares o de subordinación, en su mayoría la mujer es protagonista, y es a través de la violencia de género que Ampuero nos muestra, no solo el patriarcado reinante aún en América del Sur, sino también la violencia en la diferencia de clases, en la subordinación familiar, laboral.

La eficacia de las narraciones está en el lenguaje directo, en las escenificaciones sin concesiones, en la brutalidad, crueldad, nos enseña el hueso desnudo. La magia que tienen las historia pasa por la manera de contarlas, comenzamos con la Subasta, el remate de una mujer, magnífico cuento que nos deja un dolor en el pecho.
En Luto nos estremecemos ante la violencia llevada a una crueldad inimaginable, así como encontré una comunicación entre Marta, María y Lázaro del Nuevo Testamento y esta historia que nos trastorna. Igual conexión se da en Pasión, único cuento que escapa a lo cotidiano.

Ampuero no nos regala textos explícitos por el contrario nos regatea la información, nos obliga a llenar los vacíos con nuestra propia forma de ver la vida, de sentir la violencia.
Mientras leía recordé la enseñanza de Hemingway en la teoría del iceberg, en cuanto a que todo el relato debe mostrar solo una pequeña parte de la historia que lo sustenta. Es que si Ampuero nos hubiera dado más información sus cuentos perderían carácter, fuerza, y no
serían la denuncia a la sociedad falsa, déspota, y clasista. Este tipo de sociedad no existe solo en América del Sur, la misma diferencia de clases, la misma violencia de género se vive en el mundo todo.
Por eso también lo desgarrador de estas historias.

Cuentos como Nam, Persianas, nos hablan del despertar de la sexualidad, de la homosexualidad, de las relaciones sexuales intrafamiliares. En Persianas habla un adolescente, en Ali una empleada de la casa, en Cristo la hija de una prostituta, lo que permite darle al libro una trascendencia que va más allá de la denuncia a la violencia de género.

Para mí, tanto como lectora como escritora, libros de este porte son un desafío. Sinceramente es un libro que creo que recién comienza su recorrido y que tiene muchas puertas para abrir.