La poesía como herramienta

Publicado en «La República»

Léonie Garicoïts nació en Montevideo en 1962, es doctora en Derecho y Ciencias Sociales e integra actualmente la Fiscalía Letrada Nacional en lo Civil de 5º turno, habiendo trabajado durante ocho años como fiscal en lo Penal. Su tarea jurídica se conjuga con una capacidad y sensibilidad muy profundas para describir lo que sienten otros: personajes ficticios y no tan ajenos, que sufren, maltratan, se ven envueltos en vínculos perfectibles, complejos. «Poder» es un libro de su autoría en el que traspasa permanentemente los límites de la fría letra de las leyes, para acercarnos a la vivencia de la gente.

La idea del libro «Poder», cuenta a La República de las Mujeres Léonie Garicoïts, era acercarse a la problemática de la violencia de género, desde un punto de vista diferente del jurídico con el que día a día trata, para mostrar que «si bien estás en el sistema judicial, tenés sensibilidad para pensar el problema dando vuelta la imagen de inmutabilidad o indiferencia», con la que solemos imaginar a quienes actúan en ese terreno.

Dejarse atrapar, invadir por las historias de los otros, es lo que de algún modo intenta Garicoïts, tomando en el camino la voz de diversos actores. Si bien podría imaginársela escribiendo en una especie de catarsis al salir de una jornada en el juzgado, la autora asegura que en su caso encontrarse con los versos implicó tomar distancia, objetivar la diversidad de viviencias y sensaciones que fue absorbiendo.

ENTRE LA LEY Y LA GENTE

La obra surge a partir de un concurso literario del Colegio de Abogados, que proponía vincular lo jurídico al género, para participar en el cual Garicoïts eligió la violencia doméstica, porque el tema la»afectaba» y quiso probar si era capaz de «comunicar algo de lo que me generaba, ya que si bien es un trabajo árido, la cabeza y el corazoncito en general te quedan metidos en el caso y muchas veces sentís la esterilidad de lo que estás haciendo».

Difícilmente, explica, «uno puede solucionarle los problemas a la gente, por lo general emparchás»,actuando sobre una situación concreta de determinadas personas. No es casualidad que varios poemas del libro sean encabezados por un artículo determinado de la ley, los versos intentan luego dar vida propia a ese texto con el que como abogada debe determinar qué decisión tomar frente a cada caso.

Al citar el artículo, la autora intenta enmarcar el verso en un aspecto concreto de la legislación, mostrando además la dicotomía entre «la ley fría, lo que dice que se debe hacer y aquello que siente la gente». También aparece «la frustración» que los propios agentes sienten, sus diversas sensaciones, por lo que se genera una conjunción en la que la prosa o el verso se convierten en otro modo de hacer justicia.

«No puedo violar ni una norma y no puedo idear ni una sola metáfora», dice el texto que cierra el libro «Poder». Una manera de intentar que lectores y lectoras entiendan que el verso cobra fuerza para traspasar la medida de lo justo en el terreno de lo jurídico, para decir aquello que la ley no puede y hablar de un tema que ha sido «tabú», en cuyo tratamiento, adecuado o no, puede impulsar diversas transformaciones.

La Ley 17.514 de violencia doméstica y la que anteriormente introdujo al Código Penal el delito de violencia doméstica, fueron para Garicoïts fundamentales para allanar el terreno de lo que puede decirse sobre el asunto y «permitió que las personas comenzaran a hablar más del tema».

NORMAS PERFECTIBLES

Para la escritora y abogada, «la ley (de violencia doméstica) es muy perfectible, porque no nos da muchas herramientas para actuar, y por tanto necesita correcciones». Entre otras cosas, resalta,»no hay seguimiento» y esto genera que las acciones de la justicia muchas veces sean insuficientes, tanto que «a la vuelta de la esquina, reaparece el problema».

Trabajar en torno al agresor y su posible tratamiento también es un aspecto que preocupa a la fiscal, pues considera que, en general, las niñas y niños son quienes quedan más expuestos»aunque no sean víctimas directas, porque van a reproducir los vínculos de violencia, los patrones de comportamiento» . En tal virtud, considera que hay que «evitar la reiteración en el tiempo».

«Poder» tiene al respecto un enfoque interesante. La mujer víctima de violencia, por ejemplo, es dibujada en su complejidad afectiva, enredada en vínculos que no le hacen bien pero que sin embargo sostiene de algún modo «y por ello siente culpa, porque está en un juego vincular en el que todos ejercen poder». Una visión, explicitada en un prólogo del libro por Rafael Courtoisie, que parte del punto de vista foucaultiano y no de la fuerza que se ejerce unilateralmente.

ACERCÁNDOSE A LO HUMANO

Los personajes de «Poder», incluso los agentes de justicia, son delineados en su profunda humanidad: nadie es «el agresor perfecto ni la víctima perfecta y, además todo es observado desde su perspectiva social», intención que revelan, desde la mirada antropológica, Anabella Loy y Daniel Vidart en otro de los prólogos.

Para Garicoïts, «una de las tareas del fiscal es intentar vincular a la sociedad con la ley; somos de algún modo defensores de la sociedad y ese es nuestro rol», al cual se acerca como ser humano:»no somos fríos, alejados y mirando desde el Monte Olimpo», porque a la ley «no solo la sufre quien la aplica».

«Poder» no pretende identificar a un agresor en concreto, sino mostrar una mirada compleja del asunto, como problema de la sociedad en la que «todos somos cómplices». Permanentemente nos movemos de víctimas a victimarios, y lo que está en juicio parecen ser los aspectos más enredados de lo humano, explica la autora.

Léonie Garicoïts quiso acercar a diversas instituciones que trabajan en violencia la propuesta del libro. Afirma que se ha encontrado con dificultades para ello, pues «cada una está en sus tareas, en sus ocupaciones, con sus proyectos», y percibe que no recibió toda la apertura que hubiese deseado, sobre todo teniendo en cuenta que la obra tiene como objetivo llegar a la gente.