De autoestima y violencia

Entrevista con «Dove»

Léonie Garicoïts, poeta-fiscal.

Los ocho años que se desempeñó como fiscal en lo Penal hizo que Léonie Garicoïts conociera de cerca la realidad de las mujeres y niños víctimas de violencia doméstica.

Escritora desde temprana edad, alumna de Claudia Amengual y Rafael Courtoisie, esta doctora en Derecho y Ciencias Sociales, imprimió su sensibilidad respecto al infierno de la violencia doméstica en el libro de poemas “Poder”, publicado recientemente por doble clic Editoras. El libro de Garicoïts intenta concientizar sobre esa nube negra que aniquila la armonía de tantos hogares, uno de cada cuatro, según un estudio hecho por Teresa Herrera y Asociados en 2003. Tanto el alcoholismo en el hombre como la baja autoestima en la mujer parecen ser las dos puntas de un problema que azota con fuerza a nuestra sociedad que paga con la muerte de una mujer cada nueve días.

¿Cuál era su idea al escribir «Poder»?

Mi intención fue acercar de la forma más humana el tema de violencia doméstica y darle un marco legal, por eso los epígrafes con artículos de la ley. Y también mostrar que nosotros, los operadores de Derecho, somos seres humanos y nos conmovemos frente a las situaciones.

Previo a este libro ganó un concurso literario del Colegio de Abogados con una serie de poemas que también tenían que ver con el Derecho. ¿De qué trataban?

Eran relaciones de pareja, ruptura, abandono, problemas de tenencia. En el segundo concurso me incliné más hacia la violencia doméstica. Me parecía un tema muy candente en la sociedad. Siempre existió pero ahora la mujer ha perdido un poco el miedo a hablar de eso a raíz de la ley de violencia doméstica que se creó alrededor del 2002.

¿Qué es lo que dice la ley?

Primero hubo un artículo alrededor del año 97 que tipificó el delito de violencia doméstica. La ley habla de lo que son las relaciones de violencia doméstica en un ámbito. La violencia material —porque también se considera violencia doméstica cuando, en un ataque de pelea, empezás a romper cosas—, la violencia psicológica, que puede ser tanto el silencio como la agresión verbal, y obviamente la violencia física, que pueden ser personas que conviven o que convivieron, padres con hijos o parejas, no necesariamente tiene que haber un vínculo formal. Ahí se establecen una serie de medidas que podemos tomar los jueces como prohibirle comunicarse, acercarse al lugar de trabajo, sacar al hombre de la casa… Toda esa serie de medidas son muy positivas pero no han logrado que la sociedad acepte el tema y lo discuta ni que se instrumenten medios adecuados. Seguimos sin tener buenos refugios de acogida para las mujeres y sus familias; no tenemos un régimen de seguimiento, no tenemos un régimen de apoyo económico, porque muchas veces esos hombres son el sostén de la familia.

¿Qué es lo que más le conmueve en su trabajo diario?

Lo que más me afecta son los niños. Ver cómo los adultos los usamos como rehenes y cómo los marcamos para toda la vida. Estamos generando en ellos situaciones y responsabilidades que quizás no puedan manejar y que pueden perjudicarlos en el desarrollo correcto de sus emociones. Hoy o mañana cuando tengan pareja van a repetir patrones. Tanto de violencia como de machismo, de malos entendidos, de no poder comunicarse, de no poder resolver los conflictos de forma más pacífica y tener que llegar a los estrados.

¿En qué sentido puede llegar a ser responsable la mujer en esas situaciones?

La mujer también repite patrones. Muchas veces en su casa es víctima de la violencia doméstica por sus padres. También se crean círculos viciosos. La mujer se siente culpable, cree que genera en el hombre reacciones, es un tema de autoestima, de poder aceptarse y no considerar que su actitud pueda llevar a que el hombre reaccione violentamente. Además hay un problema de alcoholismo muy fuerte que lleva a que ellos pierdan el control. Entonces la mujer se siente culpable porque piensa que ella lo lleva al alcoholismo porque él se lo reprocha — te digo porque es lo que escucho— o el niño está haciendo ruido y no lo deja dormir a él y él le reprocha y ahí se produce toda una reyerta que culmina en golpes o gritos.

O sea que la falta de autoestima en la mujer es una de las causas claras por las que se traspasan ciertos límites.

Sin lugar a dudas. Se va retroalimentando. La mujer calla, se somete, acepta ese vínculo. Muchas veces yo veía que el marido decía “yo no tengo a dónde ir ahora, si ella me da una semana, quince días, yo me voy”. Y vos sabías que en ese tiempo él la iba a convencer de quedarse. Y veías que ella dudaba, con el ojo morado, o el brazo lastimado, y terminaba aceptando. Por eso la necesidad de apoyo a la mujer, sino ésta vuelve para atrás.

¿Se hace algún tipo de apoyo en relación a la autoestima?

No. Lamentablemente no se está haciendo. Nosotros solucionamos el conflicto en el momento, podemos sacar al hombre de la casa, tomar determinadas medidas, pero si la mujer no tiene un respaldo económico o posibilidad de salir a trabajar y que le cuiden los hijos, muy probablemente aceptará que el hombre vuelva. Se tiende a decir que como la mujer acepta que él le pegue es también culpable. Es mucho más complejo que eso. Habrá casos que sí, en que la mujer genera la violencia en el hombre porque ella también es violenta, por supuesto. A veces el hombre termina dando la piña porque la mujer atrás estuvo dando manija: “sos un inútil, no servís”. La mujer también ejerce mucha violencia psicológica. Pero en general, los patrones que vemos son alcoholismo de parte del hombre y en la mujer un problema de autoestima y de falta de oportunidades para buscar apoyo en esa situación lo que hace que se caiga en ese círculo vicioso y no se rompa.

¿Qué pueden hacer terceros cuando conocen situaciones de este tipo?

Acercarse a la mujer. Y no exigirle cortar sino intentar ayudarla a que encuentre el camino para cortar. Esas situaciones de violencia no son ajenas a todos nosotros, de alguna forma todos somos cómplices al aceptarlas.

¿Qué repercusiones tuvo su último libro, “Poder”?

No tuvo muchas. Mi interés es llegar a las mujeres que están en situación de violencia doméstica y que realmente no se animan a denunciar. Traté de comunicarme con los institutos que hay para la mujer y no tuve mucho éxito, tenían sus proyectos, sus cosas y demoraron en contestarme y el libro ya tenía su fecha de presentación. Conseguí apoyo con red de mujeres con Teresa Herrera. Pero veo que son impulsos aislados.

Malena Rodríguez Guglielmone

Teléfono gratuito para consultar desde todo el país (no queda registrado en la cuenta): 0800 4141

noche quebrada, hora afligida, ese húmedo instante en que golpeaste y no sentiste, en el breve suspiro que te robó el alcohol, se perdió tu razón, en ese segundo dejaste de ser y se descubrió la bestia que anidaba en tu pesadilla; y perseguiste mis luciérnagas, y estrujaste mis besos, y escondiste mis noches, y me llevaste al precipicio cuando clamaba, cuando cerraba los ojos por el fuego fatuo de los tuyos, cuando agonizaba en tus brazos que habían sido, cuando esperaba te apiadaras, cuando un “ya no más” quemaba mi garganta, cuando miraba las píldoras del olvido y añoraba la aniquilación; cuando en ese segundo se encontraron nuestras miradas supe que no eras vos, que no era yo, que habían quedado atrás los años y que es el abandono de nuestras almas lo que nos marca la despedida.

(Poema II, “Poder”, de Léonie Garicoïts)